Joker…

Joker saca el Chairo que muchos llevan dentro y no se han dado cuenta, porque el director lo maneja con mucho cuidado, juega con uno de los peores sentimientos que un ser humano puede sentir por otro ser humano: la lástima.

 

Si es empatía la que sienten por el personaje es porque no se dieron cuenta que la línea se cruzó en varias ocasiones; la línea entre la empatía y la lástima es muy delgada y habría que tener cierto cuidado con ella, con no cruzarla. En cualquiera de los dos casos, ya sea en la parte empatía o lástima, revela sobre todo una especie de arrogancia o superioridad moral de quien lo siente -empatía/lástima-, para con este personaje en específico.

 

Si bien Arthur Fleck nos muestra varios «puntos de quiebre» del personaje, es de llamar la atención que 4 son fuertemente relacionados a su fracaso económico: lo de su cuaderno mostrando con la leyenda remarcada “I hope my death will make more cents than my life” (Deseo que mi muerte produzca más centavos que mi vida) lo exhiben en dos tomas distintas y como ya expliqué, en negritas, los otros dos puntos de quiebra relacionados a lo económico son cuando Arthur debe pagar por el letrero que le destrozaron y cuando lo corren del trabajo por el incidente de la pistola.

 

Sí, también se rompe nuestro sufrido Joker con el descubrir de que Thomas Wayne es su padre, cuando ve que su madre lo adoptó y recuerda todo el maltrato de que fue víctima en su niñez, cuando Murray se pitorrea de él y desde luego que cuando rompe la barrera de su alucine y la realidad, para mostrarse y mostrarnos que nunca hubo nada con su vecina.

 

¡Ay, pobrecito!… las circunstancias jugaron en su contra y lo hicieron así, no sé si poner violines o sugerirle al director que incluya en el OST para letrinoamérica yoooo, soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, porque nadie blablablablablablablaaaaaaa” (emoticón de hueva).

 

Se vale que les haya gustado la actuación, la fotografía -que es buenísima-, y quizá hasta la musicalización, pero de ahí a ponerla en el punto de “obra de arte”, dista mucho. Sí, la película también alegoriza la llegada de armas al ciudadano (A. Fleck) deprimido y fastidiado por medios que cuentan con cierta permisividad del gobierno y las consecuencias de esto, pero igual es una reflexión muy trillada de la que ya sabemos causas y consecuencias, de ahí que eso como la mayor parte de la película caigan en los terrenos del cliché.

 

A quienes les gustó en demasía no han caído en cuenta de que tienen una especie de noción preconcebida de que nadie podría obtener los mismos estándares éticos que ellos, es una velada muestra de superioridad moral no muy distante de la que muestran lo Chairos, perroflautas, buenitos o snowflakesque que ahora abundan… y no, no hay nada más arrogante que eso.

 

Así que la película pretende que “perdonemos” o justifiquemos a Arthur Fleck con excusas que SOLO un Chairo utilizaría para -válgame la redundancia-, justificarse o exonerarse. 

 

Uy… esquedeque «es un ser humano», ¿acaso un ser humano no tendría que hacerse responsable de sus acciones? De la misma forma que es irresponsable enseñarle a un niño que su mal actuar fue mediado por un diablo que lo aconsejó al oído, es irresponsable empatarse con mecanismos como la lástima disfrazada de empatía para que justifiquemos para otros lo que JAMÁS justificaríamos en nosotros mismos. La pena que uno merece por sus fallas, es la misma que merecen los demás, justificar a otros por su condición socioeconómica, país, región, raza, vivencias o “circunstancias” es una muestra de ARROGANCIA.

 

Retomando el análisis de lo observado en la película, repito, me parece una actuación exquisita de Joaquín Phoenix -a pesar de que hace exactamente lo mismo que en Her, TheMaster, You were never really here e irrational man-, una fotografía sublime con excelente manejo de los colores y una temporalidad bien manejada de una época entre los 80’s y 90’s. 

 

De cómo nos plantea el director a este tipo de paciente esquizoide o border considero que hay mejores películas como por ejemplo Birdman o Fight Club, la parte final donde Arthur Fleck es perseguido por el psiquiátrico por un enfermero entrando por una puerta y saliendo por otra parece inspirado en una película de Capulina. Ridículo. Pudo ser mucho mejor.

 

¿Te gustó demasiado la historia? No pasa nada, quizá solo refleje el Chairo que llevas dentro y estoy seguro que quizá no hay nada malo en ello.

 

 

 

CarLost

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