La CDMX es para espíritus poderosos

Antes de partir del DF, en el mochilazo del 2015, uno de mis amigos, Llerena, me hizo sushi en su casa, cené sushi y victorias en esa despedida, no tenía claro si iba a volver, quizá a todos les decía algo distinto en cuanto a si sí o no regresaba. ¿Te hizo o te debe algo el DF?, recuerdo que me preguntó Alex aquella noche. Le contesté que no, que al contrario, que me lo había dado todo, sin abonos, pero que ahora, simplemente necesitaba partir. Que me hubiera encantado haber vivido y trabajado en el corredor Roma-Condesa, por todo lo que ahí se vivía, por sus cafeterías, librerías, pubs, unders que a pesar de los neojípsters, eran esos barrios poseedores de un encanto palpable en sabores, imágenes, arquetipos sonidos, letras y fetiches personales raros, cómo saber que por esas calles habían deambulado Bolaño, Kerouac, Burroughs, Papasquiaro, José Agustín, Revueltas y Pacheco por mencionar algunos. Además de qué en mi muy personal gusto, las morras más guapas de la capital ahí es que se juntaban, sí, estaba seguro que si con algo me había quedado con ganas de vivir en el DF era en esa zona.

Antes de partir, la capital se llamaba Distrito Federal, al regresar de mi carreterazo, ambos habíamos cambiado, el que regresó no era el que se fue, y la vieja ciudad de hierro, cómo la cantaba Rockdrigo González, tampoco. Ahora se llamaba Ciudad de México o CDMX pá la banda.

Al volver de mi viaje en Vespa, por casualidades energéticas y sobre todo, por la confianza y cariño de Mary y Cathy Cazarin que me permitieron sin cobro ni cargo alguno, el establecerme en sus oficinas, mi nuevo consultorio estaría en la calle Nuevo León, entre Quintana Roo y Benjamín Franklin, cómo diría el chavo, sin querer queriendo, estaba de vuelta en la ahora CDMX, y donde siempre había querido estar.

Hablando de chiles rellenos… hay dos temas de los que el capitalino habla con pasión y viene transmitiendo de generación en generación, del 68 y del temblor del 85, en el norte, al menos muchos de mis conocidos en Monterrey llamábamos con pitorreo al 68, el “holocausto chilango”, pues siempre que surge el tema por una u otra, resulta que el tío, el papá, el hermano o el vecino de un chilango, había sido víctima, es cómo cuasi todos los mexicanos de género masculino que te cuentan que estuvieron en las fuerzas básicas del América, el Guadalajara o el equipo de su ciudad. Así que el tema del 68 siempre lo tomé a juego, no les ponía mucha atención cuando me lo contaba el capitalino promedio, a menos que tuviera más de 60 años, fuera poseedor de alguna prueba y la pasión estuviera guardada con tres candados en su respectivo placard.

Les creía más en sus anécdotas de S85 pues mientras con el 68 se describían cómo héroes, con el tema del S85, la cara les cambiaba, generalmente me contaban donde habían estado, la impotencia, la frustración, el abandono en las primeras horas por parte del gobierno, el terror y la angustia de no saber si estaban bien los seres queridos, quizá por esa autenticidad, sin exageraciones, es que el hablar del temblor del 85 me lo tomé mucho más serio que el del 68 en Tlatelolco, se notaba que les había marcado. La cara les cambiaba.

Repito, a mi la CDMX me lo ha dado todo, a diferencia de mi natal Monterrey, me arropó desde el día uno, no entendía mucho su “coqueteo verbal”, o sea, el chilango no comprende el valor de un no por un no, ni de un sí por un si, así que si les rechazas refill en la sopa (por poner un ejemplo) te siguen preguntando si estás seguro de no querer más,  llaman a su casa “tú casa” cuando se refieren a que harán fiesta y estás invitado, conversan en el metro, en el puesto de tacos y en el colectivo, preguntándose por sus hijos, trabajo, negocio, actividades cómo si se conocieran, cuando realmente no se conocen… no lo entendía y a veces incluso me frustraba.

Decía en una de sus columnas el fallecido Germán Dehesa: “en el norte, la relación entre ocio y negocio (la negación del ocio), es enormemente mayoritaria en favor del negocio; en el sur lo nuestro es el ocio, de cuyo corazón nacen las guitarras, los amigos, las noches bohemias y los lujos de la lujuria. Si los norteños son monógamos por así convenir a la economía personal y a los objetivos de la empresa, en el sur nos encantan los queveres subacuáticos, el pisa y corre, los amoríos y las angustias no de un querer, sino de tres cómo mínimo, el norte trabaja mucho y en el sur, tratamos de llevarla leve y para ello exclama siempre ¡es que estoy muy ocupado! y ya con eso nos dejan en paz un rato, no es más bueno ser de un lado o de otro, todo país requiere de ambos talantes, los casos realmente dramáticos, son los de los norteños con alma sureña y viceversa, estos o se mudan o estarán condenados a vivir su angustiada existencia con una permanente sensación de desacomodo… “.

En esa columna de Dehesa recuerdo que encontré el por qué me había mudado al D.F. al leerla, me sentí cuasi completamente identificado, un alivio recorrió todo mi cuerpo, cómo “carta blanca” en canícula, tenía sentido mi sensación de calzar a la perfección en estos lares. El por qué el capitalino era poseedor de esa amabilidad extraña, el por qué no entendía un no por un no, ni el valor de un sí por un sí, así cómo el llamar a su casa, la tuya cuando te va a invitar a una fiesta, cobró sentido cuando me tocó vivir el terremoto de este 19 de Septiembre en pleno corazón de la Condesa. En Avenida Nuevo León.

Cómo no llamar a su casa la tuya, cuando realmente te abren las puertas y te la ofrecen de cabo a rabo, cómo no van a conversar con el de los tacos, el de las guajolotas, la del changarro de quesadillas (también pueden ser sin queso), o el del puesto de periódico si cualquiera de ellos le ayudó o le ayudaste en los momentos de terror, o a quitar escombros de la vivienda o el negocio caído, con un abrazo solidario, ¡claro que no son desconocidos! o sea, no los conoces pero, sí conoces lo que son capaces de hacer por ti, así cómo uno por otro cuando el final de la alerta sísmica llegue.

Hoy entiendo por qué no te toman un no por un no, ni un sí por un sí; si al momento de estar en choque por lo que deja un temblor de 7.1, de 8.2 o de sepa la chingada cuanto, dices SI estar bien, cuando ellos saben que en efecto y seguramente NO estás bien, pero en medio de la tragedia no se aquilata el daño, cómo entender esa diferencia si al decirles que ya NO quieres más ayuda, (agua, comida, hospedaje), saben bien que en el fondo SÍ la necesitas pues las ondas expansivas del daño, se seguirán viviendo las semanas y meses posteriores o si el bombero les dijo que ya NO había más evidencia de vida, pero en su corazón se mantiene la esperanza de un SÍ.

Si el DF al cambiar de nombre a CDMX, requería de algo para acreditar sus pergaminos, para decir ¡presente! y entender la carga que llega, la historia que cuenta porque claro que cuenta, si el mexicano requería de algo para ver que el “sí se puede” se vive y no se grita en una grada; después de esta tragedia , ambas partes están graduadas.

Y si Chavela Vargas decía que los mexicanos nacen donde se les da su chingada gana, los chilangos nacemos donde se nos da nuestra re-chingada gana.

Mary, Cathy, mejor que aprender, es re aprender, mejor que vivir siempre será re vivir, mejor que hacer: rehacer y a la par sé que renacerán, la Ciudad de México sólo es para espíritus poderosos, ustedes lo tienen. Gracias por haberme hecho parte de su familia, por la confianza, el amor y espero ayudar con lo que me toque en nuevos proyectos.

¡Gracias totales! a los chilangos de nacimiento por compartirme y enseñarme tanto, a Mary, Cathy, Enrique, Alejandro, Erik, Javo, Oscar, Rodolfo, Lolita, Raful, Renata, Gerardo, Miguel Angel, Pablo, Abelardo, Nel, Mayra, Bernie, Analeah, Aldo, Paola, Paco, Rodrigo, Vero, Beto, Mara, Gaby, Eli, Ere, Pato, Camacho, David, Luisa, los Mújica, Alvarez, Trujillo, Castillo, Chavez, Constantini, Rojas y tantos más que se me olvida o que no puedo mencionar en este momento pero que saben de mi cariño, gracias por tanto, por todo, por lo que viene, que será mejor.

CarLost

6 comentarios

  1. Hola, soy hermana de Mayra y prima de Analeah, al leer tus líneas entiendo más el cariňo y respeto con el que hablan de tí, de tu calidad humana y de tu sencillez al ejercer tu profesión. Te mando un fuerte abrazo.
    Araceli.

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