La medicina cubana ¡viva la revolución!

Se les ve en el aeropuerto de la Habana, pálidos, cara de desahuciados, quizá esperanzados, llévelo en silla de ruedas así como en versión adulto o niño, escoja-escoja, usted escoja. 


Tal vez no sean tantos, pero sí al menos uno por cada avión que se unta en la isla, del aeropuerto internacional de Cuba. Son gente que llega en búsqueda de un tratamiento para algo que en su respectivo país no encontraron.

Pareciera una burla, qué ironía que mientras los ciudadanos cubanos tienen que hacer colas interminables para poder intercambiar estampitas por alimentos, sus sanatorios por otro lado se encuentren saturados, pero de pacientes de procedencia internacional para curar algún tipo de cáncer, por poner un ejemplo, en un periodo de 10 años, han llegado a Cuba más de 18,000 modestos ciudadanos de Ukrania y Rusia sin tener que pagar ni un solo móndrigo kopek.

Pero ¿cómo se convirtió una pequeña isla caribeña en el mejor sistema de salud de América latina? Si usted pensaba que los millones de dólares que entran a Cuba se gastan en injertos de pelo para las barbas de Fidel o en alguna otra excentricidad del «amado líder», solo basta echarse una vueltita a sus hospitales para tener una más aproximada idea de en qué invierte el gobierno cubano. Se estima que es la mitad de lo que ingresa a la isla. 

Así qué, quizá no haya gasolina pá que le llenes la barriga a tu coche, ni carne pá que alimentes el tanque de tu solitaria, pero… no, no tienen solitarias y sí a la gente más saludable desde el lago Michigan hasta la tierra de fuego (Canadá es betún de otro pastel).

Dice Sigmund Freud, Segismundo pá la banda, que la prohibición es la madre de la creatividad e inventiva y estos carnales vaya que si una cosa han revolucionado, ha sido la medicina. 

Recordemos que uno de los padres de la revolución cubana, el controversial Che Guevara era médico. El mismo Che es el padre del sistema de salud cubano y lanzó las reformas necesarias para que se palpara el liderazgo médico de que hoy goza la isla en América.

Cuentan con la famosísima vacuna contra la meningitis, el veneno del alacrán azul que tanto resultado ha dado en el manejo de cáncer, el ateromixol que como ninguno otro, no sólo baja niveles de colesterol y triglicéridos sino que de pasadita ayuda a que el órgano masculino se levante firme se estire en las mañanas como perro cuando sale el sol y en verdad descansó. 

El factor de transferencia cubano, de mayor calidad que el elaborado en laboratorios patito mexicanos y la Melagenina Plus insuperable en el tratamiento de Vitiligo, por mencionar algunos medicamentos.

Actualmente cuentan con más de 400,000 personas trabajando en él área de salud en una isla con más de 12 millones de habitantes, una mortalidad neonatal de 7 en 1000 nacimientos y promedio de vida de 80 años.

Así qué, ahora con la apertura, el levantamiento del embargo, mientras el monstruo capitalista de mil cabezas pone sus garras en la presa caribeña, se dispone a engullirla a destriparla pues… ¿podríamos darle un trato delicatessen a la zona médica por favor? y si también será absorbida, sírvanla en plato de porcelana, con cubiertos que brillen cual cromo, todo en su lugar, con un buen ron de Santiago de aperitivo y un café de Guantánamo o la Sierra Maestra pál desempance.

Por lo pronto a mis pacientes les aviso que de contrabando, pero en existencia, tenemos en la clínica:

-Ateromixol 

-Melagenina Plus

-Veneno de Alacrán azul 

-Factor de transferencia.

Les debo los delfines para delfinoterapia de Varadero… no cabían en la maleta.

Dr Carlos Patricio

El Dr Carlos es: Médico Cirujano, especialista en Medicina Hiperbárica y Subacuática. Tiene algunos diplomados, pero le gusta más cómo se ve su foto en el de Bioenergética, dice que es miembro de Asociación Latinoamericana de Ozonoterapia y le creemos. Se admite domador de Vespas y Bicicletas. Le hemos visto como nunca antes, enamorado de Leonor Trujillo. Le hace al escritor de a ratos, si le pichas una caguama es tu asesor nutrimental, dícese abandonado a su suerte, pero reconocido promotor del “te amo”. Para ahorrar desodorante se afeita las axilas y empareja el pubis, nomás porque se ve bonito, es terco como corredor y maratonista, observador y narrador con y sin drogas, amputador de preconceptos en sus ratos libres y amante correspondido de la medicina integral.

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