Feliz cumpleaños y gracias al amigo Llerena.

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La diferencia entre familia y amigos es muy obvia. La familia va en el paquete, no les escoges, ahí estaban ya, o aparecerán al paso del tiempo. Los únicos que se salvan de la familia a mi parecer, son siempre los hijos, a esos les vas a amar, querer o extrañar siempre, casi por default salvo muy raras excepciones. Los amigos son otro boleto, yo he sido de pocos (ojalá y lo entienda la banda del Feis) recuerdo en primaria a uno, en la secu quizá dos, tres exagerando, en la prepa uno otra vez (de todas las prepas que rolé) y en la Facultad de Medicina recuerdo 5. Muchos dicen que vendo caro la etiqueta, yo creo que en mi obsesión diagnosticada, simplemente me ajusto a la definición.

El resto no son amigos, son conocidos. Quizá me lleve muy bien, compartamos muchas cosas y brindemos de vez en cuando, pero son conocidos. No son amigos para mi.

A un verdadero amigo, se le quiere más que al 90% de la familia, a ese lo escogimos, no se nos encasquetó. Aplicamos nuestros filtros y le dimos el grado. En la Ciudad de México llevo más/menos mmm 11 años (1/4 de vida), ha sido muy generosa conmigo, me ha tratado mejor que mi natal Monterrey, tal vez sea por eso que en ese tiempo he hecho excelentes amigos, en total: 6.

Hoy no les contaré de 5 de esos 6, ya sea porque ya lo he hecho antes en mis columnas, porque lo haré próximamente o porque hoy simplemente se me apetece contarles de este vato. Voy a referirme especialmente a Alejandro Llerena.

La Vespa crea una serie de sentimientos, de todo tipo diría yo, genera pasiones y ya con eso es suficiente. No es en balde que de los 6 amigos que menciono la mitad sea porque les conocí en el club de motos Vespa. La Vespa, hermana.

Pasó hace unos tres años más o menos, yo me había alejado un poco del club, más por cuestiones laborales y existenciales que por otra cosa, cuando decidí regresar pues ya contaba con más tiempo, vi con gusto que había sangre nueva, una virgen camada de Malportados que le daba continuidad a la esencia disruptiva y libre que nos caracterizaba en el club.

Esa fue la impresión que me dio. Cuando yo inicio en los albores del club, era motivante notar que casi la totalidad de los miembros éramos nuestros propios jefes, freelancers o comerciantes sin horario ni patrón. Como alguna vez le comenté a Miguel Ángel Navarrete: no tenemos nada que demostrar. Al regreso, sentí la impresión de lo mismo, pero con interesantes y nuevas ideas.

Comenzó a hacerse más dinámica la página en FB así como la oficial del Club Vespa Ciudad de México. Hablé con Rinconcillo y que me sumo en el dinamismo, aportando mi presencia y el escribir para esa pagina, narraba lo que era una noche de jueves, una salida a carretera, cuentos o crónicas, incluso poesía de lo que era la Vida Vespa y la Vida Malportada. Me divertía, no había mucho que dejar a la ficción pues vivíamos la esencia del “malportadismo”. Era muy padre ver gente nueva que llegaba, algunos que no mencionaré tampoco, incluso me confesaron que se integraron por leer mis escritos o que eso les inspiró a comprar su primer Vespa. Les agradezco ahora por ese honor y en su momento se los dije de frente.

Pero, precisamente la mayoría de esos nuevos miembros, en conjunto con uno o dos de los antiguos, comenzaron a marearse parados en un ladrillo, no solo era obvio el uso del club para su beneficio comercial-económico personal, sino que también se creían (creen) dueños del mismo y creadores del “concepto” paridores del “hilo negro”, reyes del under, machos alfa lomo plateado de catálogo, socios del chilas pelas, bebedores de carrera, junkies con maestría y todas mías de hacienda. La realidad era otra; sus bromas eran barajitas repetidas, copipasteadas de twitter, robadas de cualquier salón de secundaria o conalep, practicantes del bullying en grupo, picudos barnizados con marco y letrero de “no tocar”, pájaros gluteones región IV, viudos del after, la diferencia entre un hincha que se crece cada sábado en la grada, pero el resto de la semana, ya sin la banda, no pasan de ser un “¿quiere que se la vuelva a chupar?” era nula, cero, nada… caramba, una vergüenza para el malandro común, pero más para lo que en un inicio era el club.

Había una excepción, le apodaron “El Talibán”. Nunca le he llamado así, jamás supe si le gustaba el apodo o le valía 6 kilos de verga desvenada y sin prepucio, lo más seguro es lo segundo. Pero si a pesar de todo lo que ya les menciono de los Neo Malportados de Boutique, me decidí quedar un tiempo más, fue por diversos factores de otra columna, por otros 2 amigos y desde luego, Alejandro.

Éste cabrón entendía sin explicación la médula del concepto, vaya, lamía y le hacía rasca-huele al 1er chakra del espíritu Malportado, traía tatuados los pergaminos en el fondillo, por lo que la sabía hacer de pedo, pero lealmente. Sus publicaciones en la página siempre generaban polémica, las idas a rodar o los jueves no eran distintas, el pasarlo chido y convivir con lo auténtico, sin caretas, sin tacones ni maquillaje era garantía. Pero comenzaron a suprimirle publicaciones, a editarle sin permiso, conspirar para un destierro, a verlo como amenaza, ahuevo, si era de a “debis” y pues paso lo que tenía que, los vatos como Llerena no se andan con mamadas. Los mandó derechito a chingar a su madre, con boleto de regreso para volver a re-chingar a su madre.

No lo planeó ni tenía que haber hecho eso para ganar mi respeto (ni que lo quisiera tener tampoco el canijo). Ya lo había hecho tiempo atrás, al igual que su servidor, no se arrugaba para sacar el gallo y darle las tres, para hablar de frente, derecho, pá entender que vida es una y el miedo nos sirve para que se siente a admirarnos con baba colgante, que no era una cuestión de pose, sino de forma de vida, que no era por ser ni muy machín-valiente, sino simplemente: honesto.

Su amistad me la llevé del club, traspasó la membrana celular y cuenta con las características de un bro. Conmigo ha sido leal, honesto, noble, me ha respaldado en todo sin preguntar ¿por qué vas a hacer esa pinche mamada Collado?, tiene un sentido básico en el amigo de cepa, sabe cuando te anda llevando Doña Chingada al cuarto obscuro y amparado en el “bien pinche raro” te hace la llamada oportuna, el whats, ese pinchi whats que cuando abres, ya sabes que ya valió verga el mushasho, pues tendrá que ser el escucha o lector que necesitabas para desahogarte esa aventura y raspada.

Recuerdo cuando en una de mis pláticas, me escuchó atento de cabo a rabo, me aventé un monólogo Collado style, como de hora y cacho, no me interrumpió ni madres, para rematar muy serio con: ok, y todo ese rollo pá hacerse pendejo usted mijo, porque a mi no puto, ahora si dime la verdad y sin mamadas sino, a la verga. Eso es un amigo que te conoce y sobre todo, respeta.

A principios de año decidí irme de mochila sin rumbo, Alejandro sin pedos me apoyó a full desde el día uno hasta el final de ese mismo viaje. No solo me equipó con Aipad, GoPro, accesorios, indumentaria y marmaja contante y sonante, sino que estuvo ahí presente llamándo constantemente para ver como iba y qué necesitaba, me echaba porras, me ponía en el speaker y en contacto con mas banda para que se alimentara mi deseo de regresar o para hacerme sentir que era extrañado e importaba, apuesto a que era por lo segundo.

Ya acá fue igual, fue el primero en recibirme y apoyar sin límites en mi inicio de cero, en mi re adaptación a Capital Godinez, cuando lo vi después de muchos meses y nos abrazamos fue como cuando de morro, aprendiendo a nadar te sientes chido al llegar a la orilla de la alberca.

Regresé de este viaje porque le hice esa promesa a mí yo, porque sí, extrañaba demasiado a la CDMX y lo que tenía que aprender así como sanar, ya había asimilado y sanado. Pero porque también moría de ganas por platicar mis aventuras con el amigo incondicional, con echarnos un churro perfectamente bien forjado en su depa, cagados de risa.

Me dio gusto encontrarte bien Alejandro, mejor cada ocasión en todos los planos canijo.

Sabes que quieres mucho a un amigo, cuando al contarte lo bien que le va, lo sientes como triunfo propio, cuando te confía alguna pena, te la bancas, la sientes igual y le buscas solución mental de perdido.

Esta columna solo pretende agradecerte cabrón. De corazón, atenta y conscientemente: ¡Gracias!

También y aprovechando, feliz cumpleaños Rey, que sean cada vez mejores y que el re encuentro con Owen, se llegue chingón papá, se topará con la mejor versión de ti, la que él necesita y que eso sea un factor más, de todos los que alimentan tu alegría de vivir mi hermano. Es un honor ser tu becario y camarada.

¡Feliz cumpleaños y muchas gracias por todo amigo, la bici está de huevos!

CarLost
11/01/16

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2 comentarios

  1. Me emociona encontrarme con tanta coincidencia de opinión sobre el amigo Llerena. He sido testigo de ese momento de partenogénesis en un club donde pocos se mostraron así de netos como ustedes dos. Los cuento en mis afectos entrañables, lo quieran o no. Un abrazo Carlos.

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