La balada del pollo, la puta y el karma.

-Nadie como Camacho para poner orden en este putero rey- con un pedazo de tortilla le hacía barquito a los restos de crema de zanahoria en la cantina La Bipo, a un lado mío estaba Alejandro Llerena que había acabado antes y hacía caso nulo a mi comentario.

Alex, era un amigo del club de Vespas, de los pocos que me quedaban del mismo club o mejor dicho, de los pocos que me toleraban.

El veía unas publicaciones en Facebook. En menos de un año habían muerto un par de amigos, desde entonces y a sugerencia del mismo Alejandro, procurábamos vernos al menos una vez por semana en ese restaurant-bar al que alguna vez gerenteó o regenteo el fenecido Camacho; en el que todos pedíamos promo de chela con mezcal con excepción del otro muerto: David “El Conan” o “El Cabo” como solíamos llamarle. Llerena pensaba que si a la muerte le faltábamos él y yo en la lista, era menos probable que nos llevara, o tendría que hacerlo en dúo, por lo que juntarnos cada semana nos otorgaba una especie de prórroga. Al menos así le había comentado su nana y como siempre hay mucho de cierto en las verdades de los viejos. El no sabía que con la muerte no se negocia, cuando llega, es, pero quien era yo para refutarlo a él con su nana, además, semejante superstición me daba la posibilidad de vernos.

El mesero nos trajo arroz de segundo tiempo, yo le pedí una victoria y Llerena mantuvo el absorto. Ahora yo terminaba primero en el segundo plato o tazón para ser exacto y le repetía por si no me había escuchado:

-Nadie como Camacho para poner orden en este putero, rey.

-Ya te escuché cabrón y no, no es cierto, no mames, Camacho era un hijo de puta que le valía verga todo, creo hasta está mejor el pinche servicio ahora y esto no es un putero por el hecho de que con complicidad y permiso de Camachín te hayas cogido a la población fit de meseras mientras trabajó acá… ¿putero?, putero para que veas, al que nos llevó en la Colonia Doctores para que tú aprendieras a bailar salsa y en el que por cierto, culo de rana, te cabreaste gacho con la chaparra que te encargamos, ahora, déjame adivino ¿terminaste o te terminó Lore?, si pides el pollo con mole pide mole extra para echárselo a mi pescado, puto.

-Sospecha de una amiga de Facebook, cree que me la ando tirando, quería que le abriera la cuenta, que le diera mi contraseña en ese momento y como no lo hice, me mandó a la verga sin escalas o nos mandamos, qué más da. No como pollo cabrón, esa madre tiene hartos estrógenos y te puede salir panocha, voy a ver que mas pido, ¿pescado con mole, güey, neta?

Llerena tenía razón, siempre notaba cuando terminaba o me mandaban a con Doña chingada, no lo podía engañar, de lo otro también. Yo había acordado con Camacho que a cambio de enseñarle a meditar y recomendarle literatura de la maldita, él me daría clases de salsa. Fueron varios los autores que recomendé, dos las clases de meditación, Camacho me dio varias cátedras con amigas, siendo aquella con ficharas en el bar: La Norteña Imperial, de la colonia Doctores, un reverendo fracaso como ahora me recordaba Llerena. Yo no había engañado a mi ex, como tanto lo creía ella, pero si había hecho sexting que aunque era coqueteo virtual, sería suficiente para que me mandara a la fregada.

De tercer tiempo yo pedí ensalada griega y Alejandro, pescado empapelado, el no era fan del asunto light pero era para bajar sus triglicéridos. Los traía por encasuputamadre. Ahora yo callaba, el me preguntaba con la boca llena de comida y curiosidad de la burlona:

-¿Con cuantas putas te has metido cabrón? -Con ninguna papi-rey; bueno, con una pero no cuenta, fue mi primera vez.-¿Te llevaron a un congal para inaugurarte puto?

-No cabrón, no sé si te conté de mi fracaso en la escuela naval militar, yo tenía 16 años, al ser rechazado me ofrecieron que me quedara a trabajar en un motel ahí mismo en Veracruz. El Motel Señorial. Ya te dije, yo tenía 16 años. Era virgen. Tenía un roomie, se llamaba igual que yo, pero le decían El Pollo, por aquello de las piernas flacas. Mi labor ahí era apuntar las placas de los coches que llegaban, luego cerrarles la cortina del cuarto que se les asignaba y por último cobrarles. En aquella ocasión, ya era de noche, yo salía a las 12 y llegó una prosti tamaño king size. Con doble remolque. De esas para los que como a ti, les gusta el amor por kilo, cabrón, iba acompañada de un marino bastante borracho, no llevaban coche, por lo que solo fui a cerrarles la cortina, cobrarles.

Ella me pidió una modelo y unas papas Sabritas, me pagó y ordenó que me quedara con el vuelto. Cuando regresé con las papas y la modelo, el vato salió echando madres, que porque le quería ver la cara de pendejo, le aventó dos mentadas jarochas, de esas que se marinan con el calor, las picadas, volovanes, para luego cocerse con pobreza y cerveza. Paso a un lado mío como si yo no existiera y se fue ahogadísimo el navegante. Yo subí temeroso. Al entrar, estaba esperando portando solo un body bastante balaceado, sé que estaba gorda en grado patológico pero cuando tienes 16, nunca has cogido y encima eres caliente, ya imaginarás, rey.

-Eres un cerdo pinche Doc.

Me pidió que me quedara, le dije que salía a la medianoche, contestó que me esperaba, que le tocara fuerte la puerta y prometió sacarme los sesos como nunca nadie.

Faltaban 3 horas, como olvidarlo. Comprenderás que me parecieron eternas. Me eché en la bolsa dos paquetes de condones de los que nos regalaba salubridad y que dejábamos en cada cuarto, no fuera a ser que no bastara con 3, me enjuague la verga, harta Nivea me unté y creo que hasta el culo alcanzó. Me apliqué mentalmente. Esa noche me suplía Don Víctor, un señor en sus setentas, digno representante del puerto y de novela Garcíamarquezca, siempre vestía de blanco, de lóbulo a talón, además, el poco pelo que le quedaba en los arribas de las orejas, también era cano y el mostacho colgante igual, solo que con marco amarillo de tanto cigarrillo.

Yo no quería que ni él ni nadie supiera. Se llegó la hora. Le entregué el turno a Don Vic explicándole los cuartos ocupados y cuadrando el dinero en la caja registradora con lo documentado en el cuaderno.

Mi pieza estaba justo frente a recepción, por lo que al despedirme, hice como que me iba a paso despistado, con bostezo falso, estirón de perro parado. Sigiloso.

Apenas lo vi voltear y que me pego una carrera de 10 metros al de la gordis. Era el cuarto 3. Subí hecho la mocha, ya arriba toqué primero pausado y discreto, al no tener respuesta, presa de mis nervios recordé que me pidió lo hiciera fuerte, por lo que mis toquidos pasaron a un «in crescendo» con cada 5 segundos, que me parecían un devaluado minuto e intento. Fracasé. En eso que abro la pequeña portezuela excusa, pegadita a la puerta real y comencé a llamarle «buenas noches» con la voz más asertiva y varonil que poseía, pero nada. Bajé nuevamente a recepción.

-¿Te la pelaste wey? -Nel.

El mesero nos ofrecía ahora el postre pero lo rechazamos, en su lugar pedimos dos victorias con sus respectivos mezcales, rajas de naranja y sal de gusano. En lo que nos los traían, nos deslizamos al baño, una vez dentro, Alejandro le soltó uno de 50 a Don Pecho Paloma, el encargado tuerto del sanitario, para que se hiciera de la vista gorda mientras nos dividíamos 4 lineas de soda en el W.C. Al terminar nos lavamos las manos mientras verificábamos al espejo no traer restos delatores, me acomodé el peinado, Alex me pintó unas cremas y regresamos a la mesa donde ya nos esperaban las bebidas.

-¿Entonces regresaste con la prosti, Doc?

-Simón, pero no fue fácil. Regresé a recepción, pasé como si nada por un lado de Don Vic, saqué lana de la bolsa trasera de mi short, abrí la caja de recepción y metí el dinero de lo que iba a consumir, era de más, el cambio me valía madres. El hizo como que medio me veía, pero seguía en su crucigrama. Tomé unas Sabritas y según yo, velozmente una modelo de la nevera.

Ese fue mi error ¿Qué hacía un nalgas meadas tomando una cheve del refri?

-No, si siempre has sido un bienpendejo Doc jajaja.

-La calentura siempre te hará dejar huellas del crimen o la mamada por cometer, lo caliente no perdona coeficientes, cabrón. Salí nuevamente fingiendo el relax, al echar el reojo, lo vi con el periódico abierto frente a su cara y que quiebro nuevamente un drible para la izquierda, rebasando por la banda para escaparme al área chica. Me sentía un crack erecto.

Nuevamente toc-toc, ná de ná, abro la portezuela «buenas noches», pero ná, meto la mano por la puertita, giro la perilla de la puerta grande y que me meto a la habitación. Llegué a su lecho, ¿cuando me iba a oír? si roncaba cómo los mismísimos dioses. Ahí estaba yo, en shorts rojo, sandalias baratas, piel sudorosa, sin playera, obviamente, charola en mano izquierda con cerveza, papas bien balanceadas y erección lateralizada a la izquierda, rebelde la hijoeputa desde entonces. Cuando por fin me escuchó “si ella había pedido una cerveza”, se retiró la sabana mostrándome su frondosa desnudez y me escupió un inolvidable «no te hagas pendejo, deja eso ahí, quítate el chors».

No mames cabrón. Me puso el condón con una maestría que no he adquirido en más de 25 años de braguetafloja, limpíto como gol olímpico, sin rozar el poste ni nada. Pero más tardó en eso, que yo en controlarme pues a mi segundo o tercer empellón, ¡zas culero!

Ella en posición de perrito, tirapedos mirando al cielo, y yo en dos segundos aprendí qué, no era lo mismo ver el Playboy channel, o los catálogos de Sears haciendo cambio de mano, usando aceite de bebé y tres años de entrenamiento que enfrentarte a la mismísima madre de todas las conchas.

Recuerdo que fue súper respetuosa, no se rió ni me dijo nada, solo que no me preocupara, que con el tiempo aprendería, pero mi desconsuelo no estaba para recibir lástimas y me metí en mis chanclas, en los shorts que ahora se sentían grandes, pegajosos, ¿qué grandes? enormes, yo quería desaparecer y solo recuerdo haberme salido corriendo. Bajé las escaleras hecho la verga, ahora de tres en tres, sintiendo que las rodillas dudaban y al abrir la cortina frente a mí, Don Vic, El Pollo y La Papana aplaudiéndome, cagados de la risa a destiempo, el Pollo y la Papana doblados; morados de carcajear, no podían ni hablar, Don Victor solo me decía que yo era el más rápido del oeste, que si antes no tenía apodo, ahora sería el Gallo, por aquello de que ya había un Pollo, pues yo, como las aves de corral, nomas 2-3 pisadas y se acabó. La sonrisa que le hacía temblar la panza, el mostacho y diente de oro, me persiguen en pesadillas aun en estos días. Las carcajadas de ese trío de culeros se escucharon y de eso estaba seguro, en todo el puerto, en todo el hotel y en mis 16 años. Así que como comprenderás ahora, sí, si me tire una puta, pero no cuenta carnal.

-¿Cómo no va a contar recabrón, si no andabas pedo que sería la única excusa, si ahí traes un karma en el lomo bien cabrón y ahí sí que no te puede ayudar ningún diablero de la merced. Primero, no le pagaste a la puta y además te la malcogiste. Eso solo se quita pagando una prosti cara y dándole tan duro que se acuerde de ti por siempre, que incluso te quiera de padrote.

Alejandro Llerena se reía, negaba con la cabeza y se cogía la barriga cómo si le doliera, ahora veía la imagen de Don Vic en él.

Acabamos de comer y nos despedimos como siempre. Cada quien a su vida.

Yo me quedé pensando el resto del día en mi ex, en la ruptura, si en verdad tenía un karma que pagar ¿influía en mi satisfacción sexual?, ¿tenía que ver el primer fornicio y cada relación en nuestra futura toma de decisiones o en cómo nos proyectábamos? Desde luego que sí, yo mejor que nadie lo sabía, ni Lacan, ni Freud estaban equivocados, maldito el día que los leí. De ahí que Jodorowsky en muchos de sus famosos «actos psicomágicos» incluyera algo relacionado al sexo. Quizá yo necesitaba un acto de esos.

Entonces recordé la última ocasión que le había mandado un acto psicomágico a un paciente. Había sido a Doña Cudbertha. Me tomó en total 4 semanas darme cuanta lo que sucedía y por lo mismo, lo que tenía que pedir. Ella tenía un pie diabético bastante jodido, me había llegado con el dedo gordo del pie derecho completamente momificado, negro y duro pues, que requería amputación, dos úlceras profundas en la planta que ponían en riesgo la pierna completa. Me llamó la atención en la cuarta semana de tratamiento, cuando ya planeaba retirar el dedo momificado, que a pesar de las curaciones, el cambio de dieta, el control de su glucosa y las ya 20 sesiones de cámara hiperbárica, no viéramos un resultado positivo.

Pero junto con ese asombro, noté que si bien, en la historia clínica, me había contado que tenía 5 hijos, solo en la primer consulta yo hubiera conocido a dos de sus muchachos, una vato y una morra, ambos en sus treintas, pero de ahí en adelante solo el hijo la llevaba y esperaba mientras yo le hacía curación o estaba en la sesión Hiperbárica. Decidí hablar con él. Sin Doña Cudbertha, para preguntarle por los demás hermanos y para ver que hacíamos en las semanas posteriores, ante el fracaso del cierre de la herida.

Me dijo que sí eran 5 los hijos pero que el mayor había muerto en un accidente automovilístico hacía dos años. Que le había constado mucho a todos superar ese trago amargo, pero sobre todo a ella que era madre soltera y que había delegado a ese hijo mayor, el rol, la responsabilidad de jefe de familia, a ese hijo que más que hermano mayor, había sido como un padre para todos ellos y que se notaba en lo cotidiano. La hija que vino en la primera consulta vivía en la misma casa que Doña Cudbe, pero se quedaba a hacer limpieza mientras él acompañaba a su mamá y los otros dos estaban de mojados en Estados Unidos, trabajando en lo que fuera, llevaban los mismos dos años de la muerte del mayor sin venir a verla y aunque se comunicaban por chat y teléfono, los extrañaba en demasía.

Guardé silencio por un momento pero ya todo estaba más que claro. Le dije al hijo: -lo que te voy a transmitir y pedir puede que te parezca raro, pero es necesario, me escuchó atento.

-Verás, el dedo momificado que necesito amputar hoy, ese dedo gordo representa a tu hermano muerto. Cuando lo retire mmm ¿ustedes son católicos? -Sí Doc, muy creyentes. -Muy bien, necesito que le compres una maceta grande a tu mami, que le consigas la planta o arbolito que más le guste, te voy a entregar el dedo en un envoltorio especial y deberá plantarlo junto con el arbolito o planta, rezarle un rosario cada lunes y sábado por las siguientes 9 semanas y lo más importante, necesito que tus hermanos mojados vengan a verla.

Aceptó hacer todo aunque no me aseguró lo de los hermanos, ya que de regresar a México les sería difícil luego volver a Estados Unidos por su condición migratoria, yo me ofrecí a hablar con ellos, pero no fue necesario. Estuvieron de acuerdo en rifarse, venir por un mes a ver a la madre.

Sabía que era chantaje, que el inconsciente de ella lo hacía así para que regresaran, pero ahora solo me interesaba cerrar esas úlceras y que la cicatriz que quedara por la amputación no me diera problema, estaba seguro de que con esta chapuza al inconsciente lo podría lograr, ya tendríamos tiempo después para trabajar con sus emociones, apegos y chantajes.

 

Me volví a ver con Llerena en la Bipo tres días después, en ésta ocasión nos acompañaba Aldo, otro amigo del club de motos Vespa, con quienes nos veíamos los viernes antes de que murieran Camacho y el Conan, Aldo además era socio de Llerena en el negocio de eventos por lo que a veces nos hacía compañía. La muerte de estos dos personajes nos alejó del club pero no de nosotros. 
Alejandro me preguntó si ya habíamos regresado mi ex y yo, le dije que no, que la había visto esa mañana y que me había propuesto que volviéramos si tenía acceso en ese momento, ahora no solo de mi face, sino de snap, citrus, Twitter, Instagram y correos, que para ser parejos yo podría ver los de ella. Le dije que no y pues ya valió.

-Si te iba chingar; me sentenció Aldo.

-No sé cabrón, y nada me costaba pero es chantaje buey, hoy eso ¿y mañana?, vaya, si no me presto a chantajes ni con mi jefa, ni con pacientes.

-Entonces de plano terminaron, buey, ¿ves como traes un karma bien cabrón con lo de la puta malcogida de tu adolescencia?

Aldo preguntó a qué se refería Llerena con eso y el mismo Alejandro le hizo un resumen de lo que yo le había contado, Aldo le dio la razón argumentando que el también había escuchado en su casa, que ese karma era más cabrón que el de romper un espejo o besar a un joto. El mesero nos trajo una victoria a cada quién, brindamos y en eso nos puso al centro unas alitas barbecue con aderezo. Yo reclamé.

-¿Quien chingados pidió esto? -Yo, para compartir doc, dijo Aldo. Llerena le contestó: Éste pendejo, ya ves cómo agarra cada mamada, ahora no come pollo que dizque porque te cambia el sexo, pídete unos totopos o un guacamole y no estés chingando Doc.

No pedí nada más, les platiqué de los actos psicomágicos y del que había realizado con Doña Cudbertha. Me preguntó Aldo de cuál había sido el desenlace del mismo y les dije la verdad que en ese mes de estancia de los hijos, así como el ritual del entierro del ortejo con los rosarios y el árbol de limón que le compraron, había sanado al cien por ciento.

-Entonces lo que tú requieres es un acto psicomágico cabrón. Me dijo Llerena.

-A eso me refería, Buey, si lo que dices es cierto y que no lo dudo ni tantito carnal, quizá con un acto bien pensando, bien planeado, pueda yo superar ese montón de pedos que no me permiten estar bien en una relación, porque puedo seguir culpando a ellas, que obvio tienen su responsabilidad pero, ¿y la  mía, donde queda mi responsabilidad?

Ese día comenzamos mi búsqueda. No podía ser una prosti cualquiera, tenía que ser elite, triple AAA. Así que nos sumergimos en diferentes páginas de chicas escort. La mayoría rondaban los 3 mil pesos por una hora, pero les podías ver la profesión y el código postal a kilómetros, hasta que Aldo recordó de una amiga que se dedicaba al negocio, pero solo con gente de la política, empresarios y futbolistas. Le llamó para ver si tenía un catálogo de amigas y tarifas, la respuesta no tardó en llegar. Aldo me la conectó vía WhatsApp, ella me mandó al rededor de 20 fotos de compañeras, con sus respectivos teléfonos y tarifas. Los precios y pintas, nada que ver con las otras, de entrada eran en dólares, tenías que hacer el 50% del pago vía paypal y el resto lo entregabas en la hora y el hotel pactado.

Ya en mi departamento, analicé todas las opciones o mejor dicho, vi todas las fotos, me masturbé obviamente con sus imágenes y con la foto que decidiera venirme sería la ganadora, sería la escort a la que contrataría. Mi perinola onanista se decantó por Salma. 23 años, venezolana, con toda la carga del cliché sudamericano, si dijera que parecía edecán de Formula uno mentía, porque en verdad podía ser banca de cualquier competidora a Miss en casi cualquier país latino, apenas hice el pago y me entró un whats de ella para ponerse de acuerdo.

Me pareció demasiado formal en contraste a cómo se describía en el perfil y su mismo avatar whatsapero, ni un mivida, ni un cariño, ni carita con beso de corazón, nada de nada, estricto business. Pactamos que sería el sábado por la mañana, era jueves y así me daría tiempo de no tener excusas. Apenas terminé de chatear con ella y me entró un mensaje de mi ex, chateamos un rato.

-¿Entonces será la venezolana?, me preguntó Llerena, al día siguiente en la Bipo -Sí, rey. En dólares lo equivalente a siete mil pesos y ya solo le doy 3 en efectivo el sábado, por cierto, anoche me contactó la Lore, otra vez con que estaba decepcionada, que solo me pedía que no fuera a salir con ninguna de sus amigas, que ella jamás haría semejante bajeza y que esperaba al menos lo mismo, que me iba a bloquear de todo por salud mental y que esperaba que quizá en un futuro pudiéramos ser amigos.

-¿Y qué le dijiste, cabrón? -Pues qué, que estaba bien, ya no tengo ganas de discutir, obvio que jamás saldría con alguna de sus amigas, menos con la que ella piensa, una tal Mayra. De la amistad, pensar que se puede ser amigo después de una ruptura, es como decir “el perro está muerto, pero podemos quedárnoslo”, no tiene sentido, pero no estaba para debates anoche, ni hoy, ni mañana -Quien viera la historia de su relación pensaría que jamás iban a terminar mi Doc -Sí güey, igual que si después de un cataclismo llegaran extraterrestres y encontraran entre ruinas Disneyland, Disney world y sucursales, pensarían que éramos una sociedad basada en la adoración de un ratón. Las cosas no siempre son como parecen.

Llegó Aldo acompañado de una amiga, creo se llamaba Tania, discutieron un poco referente a que les parecía caro lo que yo iba a pagar, Aldo estaba indignado. -Yo creo que más que un acto de esos mi Doc, lo que tu necesitas es hablar, no entiendo por qué no le enseñaste tus cuentas si no hiciste nada más que cachondear en chat, pero si armas berrinche, no dices lo que quieres, está cabrón y mira que yo te creo todo, es más desde ayer que prometí ya no comer pollo tampoco, pero siete mil pesos por un brinco ¿qué no has oído que la felicidad sí la compra el dinero, pero siempre y cuando sea compartida? o sea, que si en lugar de darle siete varos a esa morra, te consigues tres de a dos y nos invitas a Llerena y a mi, armamos la horchata, somos seis los felices y no dos, se trata de sumar doc, no de restar. La amiga de Aldo me preguntó por lo del pollo, le expliqué que solo a los hombres nos afectaba, quizá a las mujeres si tenían un desequilibrio hormonal, pero a los hombres sí o sí, le aclaré que no tenía nada que ver con las recientes declaraciones del presidente de Bolivia, pero que no andaba perdido el vato. Alex no decía nada, solo nos observaba, sobre todo a mi con una risa contenida, varias veces le hice seña de qué traía, pero se limitaba a detener su opinión y risa, lo veía y me remitía a Don Victor.

Ya no me afectaría, ese sábado me vengaba de todos, me curaba de todo y no habría más gallo. Seguimos conviviendo, platicando de otros temas, echamos unos tragos y la comida del día. Nadie pidió pollo.

Los sábados en el Distrito Federal ya no son cómo los describía Don Chava Flores, ya tampoco se llama D.F. ahora es la Ciudad de México y así como un perro no requiere que le digan perro para que ladre, el De Efe o la CDMX siguen ladrando y mordiendo, sin importar cómo les digas. Si te apendejas.

Quedé de verme con Salma a las 11 de la mañana afuera del Hotel Habita sobre Mazarik, en Polanco. Eran las 11 de la mañana y yo había dejado mi Vespa a la vuelta del Hotel, no quise usar su aparcadero. En recepción corrí con la suerte de que tuvieran cuartos, no había separado ni nada en medio del nerviosismo y la emoción. Ya con llave en mano, me pasee por el lobby, me metí al baño, preparé cuatro lineas de soda tepiteña, me las sorrajé sin piedad, me enjugué la cara apreciando lo dilatado de mis pupilas, hurgué en la bolsa de mis pantalones y encontré una muestra medica de sildenafilo que llevaba para asegurar que no fuera a fallar. Reventé el blister, saqué la tableta y me la pasé con la misma agua del lavabo, me puse los audífonos y de entre mi playlist seleccioné a los Rolling Stones, opté por aleatorio, “waiting for a friend” violaba mis oídos.

Regresé al lobby, audífonos en oídos, manos en bolsa, calzones rojos, pero eso nadie lo sabía. Si iba a repetir una escena tenía que ser lo más parecida posible. Estaba yo observando una réplica de un Pollock entre el lobby y recepción cuando me entró un mensaje de Salma, me pedía que saliera recibirla y pagarle al chofer lo faltante para que ella pudiera entrar conmigo.

Cuando salí, vi un Mercedes, la ventanilla de atrás descendió y ahí estaba ella sonriendo, esperándome. Cuando llegué al auto retiré el efectivo de mi cartera y se lo entregué, ella hizo lo mismo con el chofer o guarro, el me escaneó en menos de un segundo, mientras las ventanilla trasera subía la misma puerta se abría para presentarse ante mi, le tomé la mano, la ayudé a salir, enorme ella con sus tacones de plataforma, seguro que de más de 15 centímetros, además del peinado afro y talla natural, me hicieron sentir como un pigmeo. No importaba, estaba como a 30 pasos, 3 pisos de ascensor y una puerta de cristal esmerilado con interior minimalista, de trepar ese árbol. No se si todos volteaban a vernos por la diferencia de estatura, porque sí parecía puta, porque era impresionantemente bella o por todas las anteriores, pero me sentía observado a cada paso. En el elevador ella sacó su móvil y comenzó a textear, yo lo saqué igual pero para apagarlo. No deseaba interrupciones.

Entramos al cuarto y mientras yo regaba la vista con las manos en los bolsillos, ella mandaba aparentemente su último mensaje, introdujo el celular en su bolso de mano, se bajó de los tacones, retiró su vestidito blanco con una simple maniobra, se quitó las bragas y pude ver su sexo completamente depilado, como una foca. Ahora yo me retiraba el cinturón y me acercaba lentamente. Nos irrumpió su celular de manera estruendosa, era una rola de reggaeton ¿cómo podía cobrarme siete mil pesos, tres mil de cuarto, llegar en mercedes, estar así de buena y traer un ringtone de reggaeton?, no esperaba que trajera a Morrisey, Feist ni a Wilco pero mínimo hubiera dejado el de fábrica, era un Iphone ¿por qué joderlo? pero eso no fue lo peor, era otro cliente y al parecer uno muy bueno: -Hooola corazón (a él si le decía de cariñitos), sí papi, sí, sí pero tenía compromiso (me hacía seña con la mano de que esperara un poquito), mira, escucha mi amor, no te pongas así, yo acabo esta junta en 15 minutos (¡quince minutos!, yo estaba indignado) y te veo en el Jaso a las 12 ¿vale?, besitos, me apuro papi. Colgó.

Metió su teléfono de nuevo al bolso y con solo el top puesto, me echó un discurso bien aprendido: -Esto es estrictamente penetración, el francés u oral no está incluido, si lo deseas son dos mil pesos mas pero es con preservativo puesto, no me importa que traigas tu condón, usas el que yo te pongo puesto que es con el que me siento cómoda y no puedes besar ni morderme las bubis, si acaso yo te las muestro acerco y pido son solo besos, no me puedes penetrar el culo ni con los dedos ni con la verga y por último no podemos besarnos en la boca.

No podía creerlo, había desembolsado 10 mil pesos por una prostituta, yo ni siquiera creía que uno debía de pagar por sexo, pero ahora lo hacía como acto psicomágico para corregir traumas o karmas de la adolescencia y Salma en complicidad con esa llamada y la retahíla de reglas resultaban como un balde de agua fría para mis intenciones. Me puse digno. Acabé de descalzarme los zapatos, me saqué la camisa del pantalón, me senté en la cama sin retirarle la vista, ella podía ver que no estaba nada contento, cogí la almohada de su lado, tomé el control remoto y mientras encendía el televisor le dije: puedes retirarte, no quiero nada.

Puso cara de quépedo, mientras se ponía de nuevo el mini vestido, me preguntó si estaba seguro, me informó que no había devoluciones y que todo el discurso que me había soltado, se encontraba en la página que estaba ligada a su perfil de whatsapp (mismo que no leí), me veía con miedo, seguramente estaba acostumbrada a uno que otro freak que luego intentaba golpearla, robarla, lo de armar un escándalo era lo de menos, a eso ni le temía con su experiencia, pero no, yo no iba por ahí. Yo (estúpidamente) esperaba que me diera algo de consuelo como al vato con que había platicado unos minutos antes, esperaba a que con su acento venezolano me dijera “disculpa papito, ¿qué puedo hacer para compensarte y que te pongas feliz?, sácame esa enorme verga y déjame comérmela, te lo ruego”. Nada de eso pasó. Me mantuve en mi estatus mezcla de Arturo de Córdoba con Marga López del posmoderno, indignado y descargando mi enojo, apretando con fuerza el botón de siguiente canal del control remoto. Salma acababa de vestirse, yo mantenía mi postura, me dijo una vez más ¿estás seguro, ya está todo pagado?, le contesté que no importaba, que pediría algo de cocina, vería una peli, pero que así no me gustaba, le aventé mi mirada de perro abandonado, afirmando que sí estaba seguro asentando la cabeza y ahora tomando el menú que se encontraba en el buró de mi lado. Yo no quería que se fuera, pero tampoco deseaba todas esas reglas, era hermosa, quería su piedad, sí, estaba chantajeando pero, ya corregiría eso con otro acto psicomágico en un futuro.

Salma con casi todo su cuerpo fuera del cuarto, solo asomando cara y colochos, con la mirada desconcertada aún, me dijo con ese acento venezolano: si vas a pedir algo de cocina, te recomiendo el emparedado de pollo teriyaki, es lo mejor que tienen.

2 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s