Cosificando y juzgando ando.

Recientemente leí la publicación de un artículo que trataba de dilucidar, quien era más superficial, si el hombre o la mujer. El resultado no me sorprendió tanto para ser honesto. 

Lo que hicieron, fue presentar a hombres y mujeres por separado, recortes de revistas de partes corporales de personajes de ambos sexos y tenían que separar exclusivamente las de su sexo opuesto. 

Se le llama <<cosificar>> al mecanismo mediante el cual, ante nuestra óptica, una persona deja de ser una totalidad, para convertirse en: unas nalgas, sonrisa, orejas, silueta, lolas, manos, pies, nariz o tamaño, por mencionar algunos ejemplos.

El resultado de este estudio reveló que las mujeres tienden a cosificar más que los hombres, no por mucho, pero sí. 

Vivimos en la era de la información, hemos estado en ella por casi 200 años, y por lo mismo, el hecho de que seamos cosificadores andantes es lo que tampoco me sorprende, nos han acostumbrado no a la formación sino a la información, a googlear o wikipediar sin siquiera acudir a los hipervínculos. 

La información cambia segundo a segundo y las personas en ocasiones también, por lo que dejamos a la mirada veloz, a juicios y preconcepciones la evaluación del de enfrente sin poner en perspectiva contextos, tiempos, agravantes, atenuantes y demás, simple y aparentemente porque no hay tiempo. 

Es muy común que utilicemos el cliché: <<No juzgues al de enfrente, hasta que no hayas cargado su morral>>. Yo lo acortaría a: No juzguemos (hayas cargado el morral o no), y como recomienda Krishnamurtti: observemos sin juzgar, que es hasta hoy, la única capacidad humana que evidencia inteligencia.

Entiendo lo complicado en un mundo en el que te enseñaron desde chico a ser evaluado en la escuela, merecer o no un regalo, una calificación, una mesada, estar en la escolta, ser parte del equipo y ahora tienes que calificar rápido al conductor de Über, poner o no un me gusta en Facebook, favear un tweet, elegir a tu gobernante, dar propina al mesero. Pero podemos comenzar con no cosificarnos a nosotros mismos, simplemente al vernos al espejo, ni a nuestra pareja, hijos o amigos. 

Quizá la fórmula para una relación duradera o aspiradora al mítico <<para toda la vida>> sea el ver el universo con todo y sus inacabables galaxias de posibilidades que representa el ser vivo de en frente y al ser honestos, viendo que éste mismo planeta en que habitamos, no nos lo acabaríamos de conocer, recorrer y viajar en esta experiencia de vida, menos al universo que es, el maravilloso ser humano que tenemos como pareja.
  

Dr Carlos Patricio Collado

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