Vive la Vida Vespa.

 Vive la Vida Vespa

¿Qué es la vida Vespa?… La Vespa es, la vida misma.

 Se nos proyecta a través de cada camino que rodamos con ella. Vivir la vida en Vespa es querer comerse al mundo de a pequeñas mordidas paladeando kilómetro a kilómetro.

Es sabernos parte del paisaje, ya sin ser meros espectadores,

voyeristas de la ventanilla del auto, que hace las veces de monitor de tv y les disocia al resto de los humanos del entorno y del camino.

Es la democracia perfecta en balance, en comunión, como extensión de nuestro cuerpo y nuestros sentires, aparatándonos y uniéndonos por igual, a corrientes ideológicas sin que nos demos cuenta.

¿Nos queremos comer al mundo de a poquito? ¡Claro que sí!… frente a nosotros el velocímetro nos simula un plato, plato del buen comer. Lleno de alimento, que no son más que los kilómetros recorridos y por recorrer. La manecilla del velocímetro conforme avanzamos se recorre a la derecha, mostrando cómo el plato se va vaciando mientras engullimos kilómetros, aunque al llegar a destino, la misma indicadora, se recueste completamente hasta la izquierda enseñándonos que el plato se volvió a llenar, que vienen más aventuras por consumir, por aquilatar y experimentar.

Tenemos a la izquierda el clutch con sus 4 velocidades, sí, a nuestra izquierda, común a la izquierda constante, de la política reinante, en el sistema político que me digan. Esa izquierda que se niega a estancarse en el cualquiera de los casos, que evoluciona con bandera progresista de primera, a segunda, de segunda, a tercera y de tercera a cuarta. La zurda, que promueve los cambios para la evolución y el avance. Ahí, a la siniestra, con la misma mano que tomamos el tenedor y sus cuatro niveles de conciencia, representados por los cuatro dientes que nos ayudan a escoger, a seleccionar el pedazo de carnita o carretera a devorar.

Pero si la izquierda se considera seleccionadora y tiempista, en la derecha tenemos a la ejecutora, a fin de cuentas ¿de qué nos sirve decidir si no podemos ejecutar? Y ahí el cuchillo de los republicanos elefantados hace el trabajo rudo. Corta. Disecciona… acelera, hasta donde lo permite el torque. La diestra es la aceleración inconsciente y primitiva, llevándose lo que sea  por delante, más, como en todo gobierno y en toda ocasión, cuando más acelerados vamos en cuarta, hasta donde el chicote acelerador se convulsa, revoluciona y pareciera que va a deshilacharse… aparece de nuevo la siniestra para bajarnos a tercera, obligándonos a atacar con menos fuerza al asfalto, al camino, y luego a segunda ¿bajamos demasiado?

Trepamos a tercera y observemos el camino, fusionémonos con él, hagámosle el amor, promovamos el motorismo o vespismo tántrico que nos diferencia del resto de los motoristas, ¡no! No nos interesa llegar antes que nadie a Cuernavaca, queremos escuchar ese melódico papapapapa que agolpa nuestro pecho, en sincronía con esa rola favorita, aspiramos a sentir el viento en la cara alborotando ligeramente el flequillo que apenas asoma por el casco, queremos percibir cómo se fusionan los neumáticos al pavimento, penetrando cada poro del mismo con su hule gomoso, como nos volvemos uno con el camino y con el paisaje. La unidad cósmica. Observamos el retrovisor y detrás sólo paisajes ya vistos, vividos, adornados por una muy ligera estela de humo exhalado por nuestro motor a dos tiempos ¿delante? Delante vienen kilómetros, kilos, litros y gigas de experiencia por acumular.

Dicen, gritan y repiten los que se creen que se las saben de todas, todas; que sexo, drogas y rock and roll son el “padre, hijo y el espíritu santo” del existencialismo en el posmoderno. No, no saben que a esa mesa le falta una pata, un pilar. Son cuatro las columnas, son 4 los pilares, como cuatro las velocidades y/o los tiempos de que se compone la Vespa. Vespa, sexo, drogas y Rock and Roll son “nuestra” condición humana, nuestra libertad, las emociones, nuestra responsabilidad individual y nuestro significado de la vida… al menos para la mayoría de nosotros.

El único detalle que encontramos y debemos entender, conscientes de que todo es perfectible, es qué no, no siempre la Vespa Equis, está hecha para el ciudadano Ye. Y ahí tenemos grandes dificultades. Casos como el de Femanía, en que el buen amigo no se había dado cuenta, pero jamás estuvo él construido para esa motona, o tal vez ella no estaba hecha para el peláo. Encontrar a tu Vespa ideal es casi tan difícil como encontrar a tu pareja, al morro o la morra que te complemente y te empodere sin necesidad de que se lo pidas, con un ligero fluir de ambas partes, cuando ya el ego no interesa a un lado o al otro. Tampoco soy tan cabalístico o supersticioso, pero por algo Stephen King se inventó la vaina esa de “Christine” y así como tenemos coches malditos, desde luego que puede haber Vespas que traigan un puto Karma. Un puto Karma de qué cuidarse, antes que venga el inevitable choque.

La siniestra en el clutch. Jalaré de ese chicote acelerador con la derecha hasta tensarlo, que  ahí está el plato de vida frente a mis ojos entusiastas, como perro cocainómano, comeré de a poquito de ese velocímetro, que oportunidades y carreteras vendrán millones mientras tengamos vida.

Todos quisiéramos, nunca-jamás tener eventualidades o accidentes en el camino y que de ser así, con un par de cachetadas del socorrista, más, un esperanzador: <<no tiene nada, llévenselo a un puticlub y listo>> todo quedara resuelto, pero a veces los choques en la Vespa, se asimilan también a los choques de la vida, que sin matarte, enseñan algo.

Esta columna va dedicada a los hermanos Vespistas que se han roto la madre recientemente en la Vespa, en el amor, en el negocio o en lo que sea; qué siguen vivos para intentarlo una vez más o las que sean necesarias, sin miedo a la Vespa, sin miedo a la vida, que pá rasparnos venimos si es que fuese necesario.

“Ella era una punk y yo un Ramone… no teníamos futuro, éramos el porvenir”

Historia oral del punk…

presa_iturbide

CarLost

Patricio

Desarrapado

Collado

Zamarrón

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