Cuando finalmente comienzas a fluir en el conocimiento, las verdades aparecen de manera espontánea como velitas en medio de la oscuridad, sin que dependa de la interpretación de tu personaje en lo absoluto y las verdades o quizá debería de decir, la Verdad, es así de contundente. Invaluables además, junto a los tesoros de que me proveen los pacientes en cada consulta con los ping pongs, esgrimas o Jiu jitsus mentales a que me someten en lo cotidiano. La semana pasada reflexionaba con una paciente acerca de cómo, esa verdad a que me refiero siempre ha estado frente a nosotros, para fines prácticos llamemos a esa verdad El Conocimiento, pero ese mismo conocimiento tiene la característica de cuidarse solo, eso tan solo cómo una forma de evitar que llegue a la mente no preparada, le expliqué de varios «cómos», por ejemplo… si nunca había escuchado un corazón con un estetoscopio, quizá le resultaría más complicado encontrarlo de no ser por la ayuda de alguien que ya supiera hacerlo, por ejemplo un cardiólogo, si éste además con paciencia le enseña cómo encontrar cada válvula le resultaría más divertido ahora buscar y localizar en cualquier ser humano el latido, pulso, frecuencia cardíaca, válvulas y en una de esas hasta diferentes tipos de soplos, todo lo que se requirió fue educar al oído. Lo mismo pasa con todos los sentidos y desde luego que con el ojo cuando se le enseña a ver.
Curiosamente trabajaba con esa paciente la posibilidad de una culpa en sus adentros como el Origen o la causa del padecimiento con que tanto ha bregado a lo largo de los últimos años, ella me insistía que era un miedo y sí en eso estaba completamente de acuerdo pero antes que el mismísimo miedo tenía que haber una causa para ese miedo y a eso me refería con la Culpa, en los días pasados yo había estado muy entretenido escribiendo un cuento corto titulado «Fueron las Vampiras de la Condesa» y traía muy fresco el tema por lo que quizá me fue más fácil plantearle el siguiente ejemplo.
– ¿Recuerdas la película de Drácula?,
– Claro, la de Bram Stoker.
– Destripémosla y en-trip-émonos un poco, le sugerí…
Drácula es un vampiro, vive en un castillo, en lo más profundo de ese castillo descansa en un sarcófago, viste de manera elegante con una capa, está muerto pero vivo, sale por las noches y se alimenta de la sangre que chupa, inspira terror, da mucho miedo, no se refleja en los espejos, viene de siglos atrás, solo entra si lo invitas a pasar a tu casa, le teme a un crucifijo y a la biblia, es aparentemente inmortal aunque puede morir de una estaca en el pecho o si sale a la luz del día que lo incinera y viene enamorado de siglos atrás de una mujer, misma que ahora ve en alguien del tiempo presente.
Le pedí que cerráramos los ojos, que respirara profundo utilizando su abdomen únicamente, subiendo el diafragma inspiramos, bajándolo exhalamos, le pedí que visualizara una luz blanca arriba de su cabeza y mantuviera así su respiración, me paré con mucho cuidado de no hacer ruido tomé mi cuenco y mientras ella seguía respirando puse el mismo cuenco sobre la palma de mi mano, lo acerqué detrás de su nuca y lo accioné mientras la paciente seguía respirando, le ordené cuidadosamente que siguiera inhalando-exhalando muy lentamente mientras imaginaba esa luz blanca encima de su cabeza, yo seguía accionando el cuenco y la paciente cada vez respiraba más pausa y profundamente, podía ver cómo sus hombros se relajaban, le repetí las características de Drácula en el mismo orden que hacía unos pocos minutos antes: Drácula es un vampiro, sabes… vive en un gran castillo, en lo más profundo de ese castillo descansa en un sarcófago, está muerto pero vivo, sale por las noches y se alimenta de la sangre que chupa, inspira terror, da mucho miedo, no se refleja en los espejos, viene de siglos pasados, solo entra si lo invitas a pasar a tu casa, le teme a un crucifijo y a la biblia, es aparentemente inmortal aunque puede morir de clavarle una estaca en el pecho o si sale a la luz del día que lo incineraría y viene perdidamente enamorado de siglos atrás de una mujer, misma que ahora ve en alguien del tiempo presente.
Le pedí que mantuviera la respiración en ese mismo ritmo lento imaginando esa misma luz encima de su cabeza y que ahora ella me contara el resumen de Drácula, me lo repitió así: Drácula es un vampiro, vive en un castillo hermoso, en lo más profundo de ese hermoso castillo descansa en un ataúd o sarcófago, está aparentemente muerto pero más vivo que nunca, sale solo por las noches y se alimenta solo de la sangre que chupa de sus víctimas, inspira mucho terror, da mucho-mucho miedo, no se refleja en los espejos, viene de siglos atrás, solo entra si lo invitas a pasar a tu casa, le teme a Jesucristo y a la Biblia, es aparentemente inmortal, sí… pero no, porque puede morir de clavarle una estaca directo al corazón o si sale a la luz del día pues el sol lo incinera y viene enamorado de siglos atrás de una mujer, misma que ahora ve en alguien del tiempo presente.
Yo seguía jugando con el cuenco y respirando a su mismo ritmo, con el cuenco en mi palma lo golpeé para que emitiera un sonido final y al tiempo que me sentaba frente a ella, lo puse a un lado le pedí que mantuviera esa misma respiración, que abriera muy lentamente sus ojos y ahí sentada frente a mi le dije ahora tomándola de las manos:
Ese castillo hermoso a que te refieres es tu cuerpo, Drácula es esa culpa que habita en lo más profundo de ese castillo bien guardado en una suerte de caja fuerte que nadie más puede accesar, en un sarcófago cómo bien dices, con capa y elegantemente vestido porque eso representa que además está protegido por el ego que se presenta así, de moño y bien peinado con capa porque las capas además de elegancia aportan una falsa protección, está aparentemente muerta -la culpa-, porque no la recuerdas… pero está más viva que nunca porque se manifiesta diario en cada acción y enfermedad que ahora padeces, se alimenta de sangre, de tú sangre porque te quita energía, vitalidad; no se ve en espejos porque no ves que la proyectas, no, no ves sus diarias proyecciones en cada persona con que interactúas, en cada relación que tienes, solo sale por las noches porque si acaso aparece lo hace en las pesadillas que sueñas y que luego vives en lo que llamas la realidad cotidiana, por eso da miedo y vives con ese miedo con ese terror evitando el presente, el intenso ahora, anclada en un pasado, creyendo controlar un ilusorio futuro con espasmos de ansiedad. Ese Vampiro vive «enamorado» de una mujer de tiempo atrás y ahora la ve en una o en uno del presente, pero ¿cómo?, si no conoce el amor, nunca lo ha experimentado, ese dizque enamoramiento a que se refiere del pasado es solo proporcional al tamaño del trauma que trae o traemos cargando desde la infancia y ahora lo proyectamos en cada relación que vivimos, en lo poco que te asomas o nos asomamos al presente, en el fondo no busca amor, busca quien se la pague. Sí, de salir a la Luz se desvanece el Vampiro, porque si esa misma culpa-vampira a que nos referimos la reconocieras e hicieras consciente y la expresarás a través de la palabra teniendo en cuenta que en el principio fue el verbo, ahí mismo sería su final y se diluiría. A esa culpa le aterra Jesucristo y la Biblia porque lo que esto representan es el Jesús… Je-sui… Yo soy, Jesús Cristo, Jesús Encristado… Yo soy-Iluminado y la biblia como analogía del conocimiento y la verdad. Lo que le aterra a esa culpa mezquina es a que llegues al conocimiento, a la verdad y que sepas quien eres, porque de saberlo, sabiéndote eterna se diluiría. Al igual que Drácula, solo entró a tu casa porque tú la invitaste, así entró a tu castillo-cuerpo, porque tu le diste espacio y realidad, tu la invitaste a pasar inocentemente sin saber que se enquistaba, manifestándose ahora en forma de enfermedad y claro que da terror, miedo, pavor… paraliza, enferma, te acaba y te impide vivir. Sí, se alimenta de sus víctimas y ahí es necesario que comprendas que no eres víctima de nada, pero para saberse víctima de nada también es necesario que te reconozcas victimaria de nadie, culpable de nada, libre de todo, y ahí quizá la reconocerías y le darías con la estaca en el corazón porque es ahí que la guardas, ahí está y ahí-ahí solo se llega estando presente, en el intenso ahora, libre del frenesí del incontrolable futuro, de la capirotada del pasado y a esa presencia del intenso ahora, del presente se llega así respirando y meditando, en le gran silencio y entonces, como focos rojos aparecerán esas culpas y verás lo absurdas que eran.
Nos quedamos en silencio, su respiración se comenzó a atropellar y noté que rodaban lágrimas, podía sentir su latido aunque estábamos a poco más de un metro de distancia, giró su mirada a la izquierda, exhaló por la boca dos o tres veces…
– ¿Qué está pasando, Doc?
– estás sanando…
-¿cómo sé que lo sabes?
– dime tú… ¿cómo lo sabes y cómo sé en antelación qué me contestarás ahora?
– porque la respuesta es que somos uno y lo sabes, cómo yo sé que tu también sabías que yo contestaría eso… ufff ¿qué está pasando, Doc?
– estás sanando. No hay nada que hablar, siente, permítelo…
Callamos los dos, ella cerró los ojos y seguía llorando, me limité a ver el horizonte que estaba en la ventana detrás de ella, agradecía profundamente a Dios la posibilidad de estar sanando algo que aún no identificaba bien dentro de mi, pero sentía la más grande gratitud no solo por la paciente, por todo, no sé cuanto tiempo transcurrió en silencio, quizá unos veinte minutos, ella se paró y dirigió a la ventana, ahora me daba la espalda y veía toda la ciudad frente a ella, de la nada así, espontánea y libre, comenzó a cantar, era una canción que después me dijo era de Carlos Ribera, acá un fragmento:
«No sé qué es lo que hice en otro tiempo
Para ahora encontrarme en este instante junto a ti
Tal vez fui el agua que bebiste en el desierto
Para que hoy seas quien me vino a revivir…
No sé si yo te encontré
O si me encontraste a mí
No sé qué fue
¿Qué es lo que hice que no lo puedo creer?»
– Doc, no sabes las ganas que tengo de abrazar a mis hijas, a mis nietos, perdí un nieto el año pasado y a mi esposo hace apenas dos meses, pero ahora entiendo todo y me siento feliz, quiero abrazar al mundo
– ¿Qué bonito, no?
– Está muy cabrón, está aquí (me señaló a su corazón)
– Ahí… (hice mímica de cómo le clavaba una estaca ahí donde me señalaba)
Lloró un poco mas y me acerqué a darle un abrazo, me agradeció, le agradecí, los dos sabíamos perfectamente la sanación tan profunda que se acababa de suscitar en los dos. Me dijo que ya no podría a ver a un vampiro igual y ahora los dos reíamos, pensar que hay gente que habla de vampiros energéticos, Doc, me dijo entre medio risas y lágrimas, siempre buscamos fuera lo que cargamos dentro, le contesté, agregué: sí, dicen que hay quienes te chupan energía, yo prefiero que me la chupen con energía, no parábamos de carcajearnos, cogió su bolsa, cada unos juntó sus palmas y al menos tres veces nos hicimos la reverencia de respeto y agradecimiento que se le hace al maestro con los gracias, gracias, gracias que venían de toda nuestro linaje pasado y futuro a través de nuestras voces en presente.
