Tengo una nueva vecina, ella vive exactamente arriba de mi depa y se que es nueva pues llevo rentando este piso por un año y nunca había tenido problemas, se que es mujer porque todo lo que escucho son sus zapatos de tacón deambulando entre una recámara, la sala, comedor y la cocina. Me doy cuenta cuando baila, cuando entrena, cuando está nerviosa porque quizá no han llegado por ella. Además le gusta ver a todo volumen The Big Bang Theory. Todo lo escucho.
Lo peor del asunto es que le gusta usar tacones diario y sobre todo que llega tarde, tiene pocos muebles -asumo por la resonancia aumentada-, y lo peor es que los fines de semana entrena brincoteando no sé si con una cuerda o son una suerte de aeróbicos de YouTube, la cosa es que pareciera a propósito pero justo cuando renové mi contrato fue que ella llegó, a mis adentros pensé que de haber sabido que tendría esa vecina, no hubiera renovado y me hubiera rentado en otro lugar… pero por otro lado, ahora mas que nunca sé que en realidad nunca pasa nada afuera y que todo es un reflejo de algo que traemos adentro, el caos, si es que este existe, siempre está adentro. Me pregunté muchas ocasiones el cómo abordarla, ¿cómo decirle a gerencia que le pidan no usar zapatillas de tacón, que tenga consideración de que estos depas son relativamente frágiles… ¡qué complicado para mi!, medité como todos los días, fui al sentimiento como todos los días y pues encontré que si traía una suerte de caos en esta indecisión de no saber si comprar un terreno o casa en Amatlan, en Valle de Bravo o invertir en un terreno a largo plazo en una zona entre Mérida y Progreso Yucatán, en el fondo mi inconsciente se resistía a cualquiera de estas decisiones pues las veía como una “señalización” de envejecer al considerar ya solo trabajar 2 días por semana y dedicarme a estudiar, meditar y escribir los otros 5 acompañado de mi virtual perro Patato… solucioné ese conflicto, pude borrar la idea de asociar el tener un terreno fuera de la ciudad como sinónimo de crecer para verlo mas como algo que me vendría bien para mejorar en mis estudios de conciencia, espiritualidad, meditación, escribir y La Paz me invadió completamente, seguramente cerraré ese trato en los siguientes días y me dedicaré a seguir viendo pacientes 2-3 días de la semana para el resto hacer esas otras cosas que también me gustan.
Salí a caminar pues cerca del depa me queda un Palacio de Hierro y como una señal divina me paré casualmente frente a una anaquel que exhibía pantuflas, tuve una iluminación, le llamé al vigilante del depa y le pregunté cómo era la chica que se había mudado arriba de mi departamento, me dijo que era un poco mas baja que yo, delgada y en sus treintas -así lo creía aunque a veces por lo fuerte de las pisadas yo juraba que era gorda-,… con esa información le pregunté a la vendedora y me sugirió que le comprara unas talla 25 y que incluyera la nota de regalo por si no le quedaban, escogí unas bastante acolchadas o suficientemente fluffy para que no hicieran ruido. Me las envolvieron para regalo y les agregué una nota que decía lo siguiente: «Hola vecina, bienvenida a los depas Chapultepec, soy tu vecino de abajo y espero no te moleste este regalo de bienvenida, sé que llevas poco tiempo acá porque es el mismo tiempo que tengo de escuchar tu deambular por tu depa que es exactamente del tamaño del mío, mi regalo es honesto y en muy buena fe acompañado de un muy amable llamado a tu consideración o conciencia de que con el ruido de tus zapatillas a veces me es imposible estudiar, ver alguna película o conciliar el sueño, no pretendo ser grosero ni atentar contra tu libertad, tengo muy claro que es tu espacio, solo… y quizá, hacerte consciente de algo que probablemente no sabías. De nuevo bienvenida y cualquier cosa acá estamos a la orden.
Esto que les cuento fue hace un par de semanas, mismas que no he escuchado un solo ruido, he dormido cada noche como un lirón y el sábado me dejó en la puerta una rosca de Reyes de las de Starbucks con una nota que decía: “gracias por las pantuflas, me quedaron perfectas, estaré mas consciente del ruido que hago y gracias de nuevo por hacérmelo saber”.
Me queda claro que apagando el caos interno es mucho mas fácil el apacigüe del externo… no hay primera sin segunda.
Carlos


